"Donde estés cava profundamente;
debajo de tus pies está la fuente".
                                       
Federico Nieztche

Acaso la cita pueda ser ampulosa y fuera de lugar. Para hablar de gatos, escondidos y chacareras podemos traer las palabras de un filósofo alemán como acápite ? Nada más apropiado, creo, tratándose de todo cuanto hace al conjunto de la tradición, de las creencias, costumbres y fiestas de nuestra gente campesina, en suma de todo aquello que expresa el folclore de un pueblo.

Generalizada, cada vez más extendida se halla la desdeñosa actitud frente al pasado  y al acervo nacional. El mundo moderno ingresa en un total cosmopolitismo y al hablar de la música con mayor razón aún; por eso, rematando de manera burlona y definitiva no pocos se preguntán: qué tiene de común esta juventud alocada y vertiginosa con aquella paisanada de los tiempos de "cuanta" ?  Alguna niña de ahora puede bailar escondiendo su rostro detrás de un pañuelo blanco mientras se mueve dando pasos de vicuña asustada? Y se contestan sufucientes, "nada, ni vicuñitas quedan ya" .

Respetuosamente creemos (creo) que se equivocan. Un paso de zamba, un varonil zapateado, un acorde de chacarera forman parte solidaria y constituyente del tesoro popular. el clima, la geografía, la amalgama de viejas razas, el color de los pastos y de los cielos y hasta recónditos sinos astrológicos han venido labrando un perfil particular como el constante fluir de arroyos que ahondan cauces profundos, madre de las aguas donde se encajonan devenires seculares para convertirse en matrices de una cosmovisión, de conductas, de actitudes, de gestos...

Y aquí debemos detenernos, debemos enfrentar el  gesto, nuestro propio gesto !

Profunda, acertada, lúcidamente, Merleau Ponti, sostiene: "El gesto revela la esencia". Ergo, (como diría un silogista o un lógico matemático) esa esencia que pervive idéntica a través de las faces, de los cambios, de la vicisitud, de los avatares se manifiesta, se expresa, se encarna instantáneamente en el gesto estereotipado de un paso de danza como revelación de nuestro ser, nuestra mismidad, lo que nos marca a fuego en el momento del nacimiento, para siempre.

De todo esto se puede hablar largamente a menos que se prefiera cortar en derechera por los atajos de la música y nos dejemos embargar el alma, soliviar en el aire con los sones de una chacarera santiagueña.

Tal como le sucedió a Adrián Gamaliel Montenegro cuando muy tempranamente, en la niñez, pudo compartir veladas folclóricas y escuchar personalmente la música que ejecutaba don Andrés Chazarreta. Allí, de una manera precisa quedó signado. Después siguió los caminos de la cultura y de las ciencias universitarias pero sin dejar de cultivar el íntimo gusto de la música, de aquella música ahora ejecutada por él mismo en su propia guitarra, al cabo del largo y decantado estudio que lo convirtiera en excelente ejecutante Montenegro, junto a Jorge escalante y Juan Gregorio Viale, de ponderable madurez artística, su hijo Tristán Montenegro y Pablo López, jóvenes músicos de formación académica a quienes la idoneidad no les impide sentir profundamente las voces provinciales, se vienen reuniendo desde diez años en las Barrancas del Cerro, frente a la serranía donde tienen lugar los más bellos y rojos atardeceres cordobeses, para hacer música, para vivir este folclore que hoy las modernas técnicas nos acercan con fidelidad absoluta, demostrando así que las sucesivas generaciones pueden encontrarse por fin, en los mismos orígenes primordiales.

Las artes populares amasan la memoria viva de los pueblos. Los argentinos deberíamos estudiar las causas obrantes que nos impulsan a vivir soñando desconocidas atmósferas cosmopolitas mientras pisamos la tierra áspera y substantiva de América. De esto tenemos poca conciencia, y cuando las circunstancias de la vida nos obliga a abondonar el país recién llegamos a sentirlo nuestro a través de la nostalgia y el recuerdo.

En cierta noche fundamental de la literatura y de la vida argentina, dos amigos desesperados y confundidos, se hallaron en una esquina de la intemperie, en una encrucijada de dudas. Por fin tomaron la decisión que luego acataron. Y Martín Fierro le dijo a su amigo Cruz:

                             Derecho ande el sol se esconde
                            Tierra adentro hay que tirar
                            Algún día hemos de llegar....
                           Después sabremos a donde.

La gente de grupo Montenegro también acata el consejo respetuosamente, con total convicción... Escuchemos!....

                                                                                              FELICIANO HUERGA