En décadas anteriores, los intérpretes de folklore argentino eran elegidos para proyectarlos al escenario musical nacional por grandes empresas grabadoras, obviamente radicadas en Buenos Aires, las que ejercían un monopolio en este rubro de la cultura popular.
Grabar era una meta inalcanzable, sobre todo para la gente del interior; así pasaban los años y muchos y buenos músicos y cantores, se perdían en el tiempo sin que nadie llegara a conocerlos.
La realidad actual es otra. En nuestra ciudad existen profesionales de nivel universitario en ingeniería de sonido, y máquinas que permiten lograr grabaciones de alta calidad. Luego de realizada la grabación, incluída la mezcla de los distintos canales que componen la misma, también existe la posibilidad de realizar la masterización por computadora, con programas que quitan de la grabación original, todo sonido extraño a la interpretación musical, obteniendo un producto musical de alta calidad. Y por último, también hay imprentas que con el diseño gráfico por computadoras realizan lo que se llama la “gráfica” del compact, que contiene la “milésima”  del mismo, por expresarlo en el lenguaje del vino, elemento muy relacionado con la inspiración artístico-folclórica. La “milésima” incluye el arte de tapa, prólogo, temario, agradecimientos, fotografías, logos, especificaciones de la técnica de grabación usada, nombre de los profesionales y estudios que intervinieron, etc...

Todo ello ha posibilitado que los distintos intérpretes tengan a su alcance lo que antes era una quimera, y así varios músicos cordobeses están dejando sus expresiones musicales para la posteridad cultural de esta provincia, en esta maravilla de la ingeniería electrónica que es la grabación digital, impresa en lo que hoy se conoce comúnmente por “CD”.

Alguien ha dicho que en la actualidad grabar un “CD” es para un músico lo que para un escritor escribir un libro. Estamos ante una nueva forma de perpetuar el espíritu creador del hombre, porque al igual que el libro, cuyo contenido permanece inalterable en el tiempo, el sonido que puede atesorar un “CD” puede también permanecer en el tiempo sin alteración alguna, y en cualquier momento de la historia, gracias a la maravilla del rayo láser, se podrá reproducir la interpretación del músico quizás mejor que si lo hiciera personalmente.

Solo nos falta tener en Córdoba la dos últimas etapas de esta actividad, que es la reproducción en serie de los “CD”, y su distribución; la primera, es una tarea puramente industrial para lo cual se requieren máquinas que aún son costosas, pero es probable que, como ocurrió con todos los productos de la tecnología, con su fabricación masiva se abaraten y puedan ser traídas a Córdoba en un futuro no lejano; y la segunda, una actividad comercial, que es la puesta del producto musical en la boca de expendio: la disquería;  con ello se cerraría el círculo y los músicos tendríamos la posibilidad de llegar al público en forma totalmente independiente de aquellos factores que durante tanto tiempo han digitado la cultura de nuestro pueblo.

En este contexto, presentamos nuestro segundo “CD”, el que lo dedicamos a los intérpretes folklóricos cordobeses pioneros en este nuevo universo musical que se nos brinda hoy, que se animaron con producciones realizadas con valorable apoyo oficial municipal, y otras como la nuestra, fruto del esfuerzo propio y de algunos amigos particulares que nos apoyan.

En nuestro “CD” no hacemos folklore intelectual, ni de fusión, ni de proyección, simplemente música folklórica argentina; y si en algunos casos ella procede del pasado, la ejecución tiene las particularidades del presente. Si nos hemos tomado la licencia de incorporar algunos instrumentos “acústicos” originarios de otros países latinoamericanos (cavaquinho brasilero, guitarrón y tamboríl mexicanos), ha sido para hacer folklore argentino, con una idea de integración latinoamericana.

En esta dirección de pensamiento, dejamos este “CD” para la cultura popular de Córdoba.

                                                                              ADRIAN MONTENEGRO